Yo, narcisista

enero 6, 2008

fumador.jpg

En las últimas semanas han ocurrido sucesos particulares, los cuales me han hecho dar cuenta que padezco de un narcisismo obsoleto, y sin embargo, irrenunciable. Soy una persona de camisa y pantalón con medias delgadas que tiene mucho que decir de sí, y no lo dice, y como es lo único que tengo por decir, entonces no digo absolutamente nada, y en un sillón, viejo, que por defecto todos los sillones ante mis ojos tienden a ser viejos – por darle una visión novelesca a mi vida, porque también soy de aquellas personas – me quedo sentado observándolo todo, mientras pienso en cualquier cosa como: ¿’Apuntes para una novela sobre un hombre que espera’ sería un buen título para el libro que tengo planeado publicar este año? Maldito narcisismo, mi primer libro, ya volví a ese tema. Como caer en un coma profundo, que aún me falta por vivir, me quedo meditando sobre aquello, en vez de ponerme a escribir, por fin, en esas páginas en blanco que me han esperado desde que nací. Y que nadie pregunte del destino, que es un sujeto naranja y grande que nadie lo conoce ni sabe a dónde va y ni con qué propósito. Primo hermano de Dios, diría.

Me siento sumamente disperso. Así que satisfaciendo un hedonismo del que nadie es culpable acá, sino solo yo, escribiré sobre lo que me da la gana, pero escribiré. Y lo haré sobre algo que a mi a veces me llama la atención cuando entro a otros Blogs, y me pregunto: quién diablos es este sujeto anónimo, de alguna manera, a quien leo y muchas veces, dependiendo de lo bueno que sean los temas, regreso y regreso esperanzado en encontrar algo interesante. Por eso, este post, para hablar solo y nada más que de mí. Antes de explayarme, quisiera meterlos a mi mundo. Habitación con luz amarilla y música de Tom Waits. Sigo siendo el mismo sujeto que tiene siempre mucha sed y mucho frío, muy a pesar del calor envejecido de Lima y el sonido del efecto de un hielo descongelándose en mi vaso de agua. Acá, internacionales lectores – esto ya es narcisismo puro – es verano, aunque las nubes frustren mis atardeceres privados. Escribo esto sin polo, con la correa desatada, fumando un cigarrillo y esperando – bienvenidos los gerundios a este post irresponsable -, como buena primera noticia del año, la confirmación de una editorial para entrevistar a Mario Benedetti sobre su último libro, para la revista, donde aún, soy editor, gracias al primo hermano del sujeto naranja y grande.

Ahora que hablo sobre las nubes, tema recurrente mío en los últimos días, comparto con ustedes, queridos y pacientes lectores de Oceanografía del aburrimiento, varios fragmentos donde hablo de las nubes, que no sé porqué, me gusta tanto. Es un diálogo

Hacia la noche salimos a caminar, empolvados de aburrimiento y cenizas de tabaco quemado. Escapamos por las escaleras de escape. Era el primer día de luna llena, pero Lima como siempre, y sus nubes atadas unas a otras ocultando el cielo como es.

– Acá se fabrican las nubes, ¿verdad? – a otros le parecerías tan tonta. Pero sí, los limeños las fabricamos y luego las importamos a las grandes ciudades, Milán, Berlín, Nueva York; luego ellos nos las venden a mayor precio… pero los chinos, ya sabemos lo que hacen.

– No sé, sinceramente no lo sé. – pero sí lo sabía, ya ves, las importamos.

Ahora que pienso cuáles son los elementos recurrentes en mis escritos aparecen los siguientes: pasaportes, aviones, aeropuertos, Lima. Y tratando de buscar en mi archivo algo que agrupo todo esto, encuentro un párrafo que muestro a continuación:

“¿En qué me he convertido? En un escombro de edificio blanco, caliente aún por los deslizamientos. ¿En qué hubieras querido que me convirtiera? En un número intacto, inalcanzable e inédito, al que nadie haya llegado nunca en voz alta antes de dormir. ¿Qué me dio usted? Una melancolía extranjera con perfume a calefacción de Boeing y llantas quemadas en pista de aterrizaje, equipajes apresurados, pasaporte infantil y bandera flameante de embajada. A veces, la intermitente felicidad que producen mujeres con sombras parecidas a la que te acompaña hoy, quién sabe dónde. ¿Qué más? Me diste jueves, mesa, cigarrillos, ceniceros y agua. Talvez una tarde, un tiempo lento y este diario.”

De algo me di cuenta ayer en el bus yendo a la casa de un buen amigo. Yo busco mujeres que quieran ser personajes de novela, que se sientan así y que les guste cumplir su papel de mujer idealizada, de mujer/estatua de migas de pan, y contarles en un café o caminando o donde sea, que pronto llegará la noche en que Pigmalión la esculpirá tras su ventana, mientras Aquiles y Paris se retan a muerte por ella sobre su cama, mientras ella ordena en los cajones recuerdos de viaje y cajas y piensa en mí. Yo quiero una Remedios la bella de Cien años de Soledad, quiero a la mujer madura del Huerto de mi amada, y sobretodo a la Dogaresa, de Eielson. Hay un poema de Oliverio Girondo que me gusta y que ahora explicaría bien lo que trato de decir.

Me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar pierden el tiempo conmigo
(…)

Actualidad
Mi novia, a la que le dediqué un post anterior: Monólogo de la araña (es ella la de la foto); ha viajado ya hace casi un mes a Canadá y siento, por su parte, que las cosas se andan congelando como si nuestra relación fuera el hielo que ahora se deshace dentro mi vaso. Lo peor de todo, es que creo, que ella no hace nada para revertir esto habiéndoselo dicho. Nos quedan dos meses, todavía, de ausencia mutua. No espero nada más que todo esto mejore, y que aterrice pronto su avión, nuevamente en Lima.

Una respuesta to “Yo, narcisista”

  1. “Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.” Suerte con la novia mi estimado escritor limeño del millón de papeles con palabras inventadas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: