Canción de lobos

septiembre 9, 2007

Cuando abrí la puerta de mi habitación esta mañana el domingo entró sin pedir permiso y se metió entre las sábanas, mientras yo encendía el ordenador (me gusta esa palabra) e iba por un vaso con agua y el cenicero de siempre. El domingo es como un Dios con barba que anda en pijamas desde que el Big Bang sucedió. En un principio era un bicho marino, luego evolucionó a una pequeña iguana, después fue un gato intrépido hasta que se convirtió en ave para luego volverse un viejo en barbas que nunca se cambia de pijama desde su última evolución. Y este anciano/Dios/día ahora está esperando que las obsoletas baterías con las que he estado sobreviviendo las últimas horas, se recarguen junto a él. Así podré continuar con otra jornada de amigos, cafés y bares. Correos electrónicos, llamadas por celular y lecturas detallistas. Cigarros en el desayuno, incómodos buses y música del MP3.

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